dilluns, 3 de setembre de 2012



TORNADA AL ‘COLE’


Image Copyright Thomas Nugent. Creative Commons
Un cop més, com cada any, ens veiem davant la tornada al ‘cole’. Bé, per molts dels nostres nens, no serà només una tornada a l’escola sino també a les activitats extraescolars. I la realitat és que tot plegat: classes, extraescolars i deures, convertiran els seus dies en jornades pràcticament maratonianes.

Sé que tot això que estic dient no ho compartirà tothotm, però… per què els fem fer tantes extraescolars? És el millor que els podem donar?

Qualsevol dia a la sortida de l’escola veurem nens caminant cap a les seves activitats. I per què? Els apuntem a idiomes per a que gaudeixin llegint en altres llengües? Els hem escollit l’idioma que ells han volgut? La resposta és que no. La realitat és que els apuntem a activitats perquè tenim por, una por molt profunda, de que no surtin ‘ben preparats’ per ‘competir’ pels llocs de treball. Tal i com explica Christian Felber a ‘la Economía del bien común’ el nostre sistema econòmic basat en competir ens porta a la por: la por a ser els perdedors (o a que els nostres fills siguin els perdedors).

El sistema educatiu, en totes les seves etapes, ha d’estar enfocat a extreure el màxim de les potencialitats de cadascú. Pura i simplement, perquè això és bo per la persona i per la societat: és increïble comprendre el món, parlar en altres idiomes, aprendre a ser crític, a raonar… Poques coses hi ha tan tristes com veure tanta gent al món que no podrà dur a terme el seu potencial per no tenir accés a l’escolaritat. Però a la vegada, poques coses resulten tan absurdes com convertir l’aprenentatge i el creixement en una competició estèril.

I dic estèril, perquè si un nen no té temps lliure, poques oportunitats tindrà de descobrir quins són els seus interessos i les seves habilitats. I com efecte col.lateral de tot plegat, és ben probable que acabi tenint una autèntica aversió a la cultura i al saber i que eliminem en ell la curiositat i les ganes d’aprendre.

Quan era petita una tieta meva em va regalar un llibre que em va impressionar molt. Es deia ‘Los grandes amigos de los niños’. Tenia biografies de personatges cèlebres. Recordo especialment els científics, i la passió amb la que van viure les seves investigacions. L’interés, la curiositat, i moltes vegades la voluntat de fer un món millor van ser els seus grans motors. Aquests motors són grans tresors que hem de preservar en els nostres fills. Convertim l’aprenentatge en una eina per fer-los créixer, no en una simple eina per competir!

2 comentaris:

  1. Hola Elisa:

    Pienso como tú, se les roba a los niños lo más hermoso de la infancia. Y el fenómeno lleva tiempo, muchos jóvenes que rondan los veinte años ya lo han sufrido desde muy niños. Lo que no comparto del todo es la causa del mismo, no conozco padres que manifiesten temor a un posible déficit de preparación en sus hijos. Habrá casos, sin duda, quizá muchos más de los que creo, pero no, no lo veo. Es más, lo que percibo es que la mayoría dan por hecho que sus hijos tendrán una carrera y que eso, sin más, como ocurrió en mi generación les proporcionará un estatus más alto. A la mayoría les parece un ideal que su hijo sea funcionario y para eso basta con cumplir unos requisitos mínimos y preparar bien el temario correspondiente, en principio no hace falta más. La mayoría acarician la idea de que sus hijos, a eso de los 25 años, “tengan la vida resuelta”. Nunca entendí esto y me hace una triste gracia, pero ¿qué es eso de “tener la vida resuelta” si uno se puede morir al minuto de pronunciar tan falsa frase?

    Ya me paso de frenada, bueno, que yo pienso que muchos padres llevan a sus hijos a tantas actividades simplemente para que no les molesten, creo también que las asociaciones de padres que tanto poder tienen en las escuelas han hecho más mal que bien con muchas de sus decisiones. Creo que muchos niños no se sienten queridos, estorban, “hacen ruido”... Parece que hay muchos padres modernos y majos que hacen esto y aquello con sus niños pero, ¿cómo lo hacen? Como una obligación, sin pasión, sin amor. Los niños lo perciben, son una esponja. ¿Cómo puede ser que haya tantos, con tan solo 12 años ebrios tantos fines de semana? Creo que también tiene mucho que ver ese absurdo intento (para mí un fenómeno nuevo) de intentar prolongar la adolescencia hasta el infinito y que afecta a tantos jóvenes padres. Pero también a muchos de mi quinta, que pasan de los cincuenta y se comportan como uno de dieciocho sin cabeza, ¡es que a algunos cuesta reconocerles, y más en verano! En fin, mi madre lo dice con mucha energía, enfadada, estirando un brazo, con voz clara y fuerte: “estórbenis los fíos, home por Dios, non tienen vergüenza. Ya aprenderán, probinos, son unos neños”.

    Bona nit! ¡Saludos!


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  2. Fíjate Esteban que has citado un punto cierto y difícil de entender. Los niños, en nuestra sociedad, ‘molestan’ y sí, es verdad que demasiadas veces las extraescolares (por no citar ya la escuela) son vistas como una ‘guardería’ donde ‘aparcar’ a los críos mientras nosotros hacemos las cosas ‘importantes’ (véase trabajo remunerado) y que muchas asociaciones de padres/madres han hecho mucho mal en este sentido.
    Pero aquí hay un hecho muy sorprendente: ¿cómo es que hemos llegado a vivir así? ¿no es acaso instintivo cuidar de los niños, acompañarlos cuando crecen, escucharles, en definitiva, disfrutar ayudándoles a desarrollar lo que realmente son y llevan dentro? ¿Cómo es que todo esto lo dejamos pasar y no luchamos para poder ejercer de padres? Yo tampoco entiendo cómo en este país se lucha tanto por ampliar la jornada escolar mientras no se dice ‘ni piu’ de los horarios laborales anti-familia que permiten nuestras leyes.
    Cada día vivimos más lejos de nuestros anhelos reales y de nuestros instintos. Christian Febler lo dice perfecto en su libro ‘La Economía del bien común’ (pg. 45): ‘Cada vez más personas son incapaces de encontrar sentido a otra cosa que no sea ganar dinero y consumir porque cada vez son más ajenas a sus deseos reales, a sus ideales’.
    Otra lectura muy recomendable que leí cuando mi segundo hijo era bebé es el libro del pediatra Carlos González: ‘Bésame mucho’. Un libro imprescindible, que nos hace realmente reconciliarnos con nuestro instinto de padres y abandonar ciertas teorías educativas ‘conductistas’ que no llevan sino a empeorar para siempre la relación hijos/padres.

    Saludos!

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